201512.01
Off
0

La Suprema simulación

En los próximos días el Senado habrá de designar a los sustitutos de los Ministros de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero y Juan Silva Meza. Bien podríamos decir que, una vez más, estamos ante un proceso lleno de fingimiento y falsedad, orquestado por un simulador.

En el segundo capítulo de “El Laberinto de la Soledad”, Octavio Paz llama la atención sobre el fingimiento y la falsedad.

En él define al simulador como aquel que pretende ser lo que no es, alguien que a cada minuto rehace, recrea y modifica su personaje “hasta que llega un momento en que realidad y apariencia, mentira y verdad, se confunden”.

En los próximos días el Senado habrá de designar a los sustitutos de los Ministros de la Suprema Corte, Olga Sánchez Cordero y Juan Silva Meza. Bien podríamos decir que, una vez más, estamos ante un proceso lleno de fingimiento y falsedad, orquestado por un simulador.

A pesar de que este proceso se ha visto marcado por una importante participación de la sociedad civil, no ha sido suficiente para conseguir que el Presidente transparente cómo elige a los integrantes de las ternas.

Las ternas propuestas no reflejan una selección diligente y minuciosa de los perfiles de los candidatos. Al final, y como ya ha sucedido en anteriores ocasiones en este sexenio, parecen no ser ternas de tres, sino de uno.

De manera ingenua se podrá aducir que el Presidente de la República no está constitucionalmente obligado a explicar los motivos que lo llevaron a proponer a tales candidatos, que dicha facultad es personalísima y, por tanto, no tiene que fundamentarse, que precisamente es obligación del Senado fungir como contrapeso y analizar las ternas para su aprobación o rechazo.

El problema es que hoy esta explicación, si bien tiene sustento constitucional, resulta altamente insatisfactoria.

Ante un Poder Legislativo parsimonioso y un Poder Ejecutivo insensato, el Poder Judicial, principalmente a través de la Suprema Corte, debe jugar un rol fundamental en la garantía y protección de los derechos humanos, impulsando así una agenda de institucionalidad y respeto por la Constitución, para fortalecer el estado de Derecho.

De ahí que en la elección de los próximos dos Ministros resulte insuficiente cumplir con la forma y atender sólo a la literalidad de las reglas.

Con ello sólo se satisface un procedimiento anacrónico, diseñado para aparentar, para simular un diálogo que en verdad se devela como monólogo. En la designación de los Ministros de la Suprema Corte la forma no es fondo, sino que la forma sirve para distraernos del fondo.

Hace algunas semanas cuando se le preguntaba al Presidente sobre el envío de las ternas al Senado, además de mofarse de la preocupación de los ciudadanos reflejada en las preguntas de los reporteros -“¿Andan muy preocupados o qué?”, fue su respuesta-, señaló que las propuestas se ceñirían estrictamente a lo que dice la Constitución.

Como ha sido una constante en la historia de México, la Constitución fue utilizada para disfrazar y justificar prácticas autoritarias que no deberían tener ya cabida.

Cuando en clase nos toca explicar a los alumnos qué se necesita para ser Ministro de la Suprema Corte, no nos queda más remedio que decir que, además de cumplir los requisitos constitucionales, es necesario ser amigo del Presidente o de su Consejero Jurídico. Aunque no nos sentimos cómodos con esta explicación, desafortunadamente todavía es la más veraz.

El procedimiento actual para designar a los integrantes del máximo tribunal mexicano continúa sirviendo sólo para instrumentar una serie de simulaciones que nos convierten a los ciudadanos en rehenes de acuerdos políticos.

No obstante, el despertar de la sociedad civil ante los últimos procedimientos de designación de ministros y particularmente en éste, ponen en evidencia que la simulación ha comenzado a dejar de ser efectiva.

Al final de este procedimiento, quizá lo más importante no termine siendo a quien se designa como Ministros de la Suprema Corte, sino constatar el hecho de que el síndrome de Estocolmo que en este ámbito hemos padecido los ciudadanos ha comenzado a disiparse.


01 Dic. 2015

Eduardo Román González y Juan Jesús Garza Onofre

Los autores son profesores, respectivamente, de la UDEM y de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey e investigadores en el CEEAD, A.C.

eduardo.roman@udem.edu; juan.garza@fldm.edu

Fuente: El Norte